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Leyendas

"El salto del enamorado"

La leyenda de la bella doncella indígena Amarca data de los tiempos en los que los guanches de Tenerife aún vivían en tierras del antiguo Cantón de Daute. Se dice que la belleza de la joven despertaba la envidia de todas las demás mujeres de su entorno y enamoró a más de un hombre, aunque ella nunca les correspondió. Amarca sembró el dolor y decepción entre sus amantes. La gente hablaba y se preguntaba para quién sería el corazón de la joven.

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Gariaiga el Pastor Un buen día llegó un nuevo pretendiente al poblado y, como tantos otros, enloqueció de amor por Amarca. El aguerrido Gariaiga, que era un pastor muy querido por la gente, hizo todo lo posible para que la doncella le correspondiera, pero ella, a pesar de su humidad, era altiva y lo despreció. Repudiaba su amor y la pasión desmesurada del muchacho. Él no entendió que Amarca no aceptara su amor, abandonó su rebaño y vagó sin rumbo por los bosques con la pena como su única compañía. Un día, desesperado y enloquecido por la pena, Gariaiga fue hasta al borde de un precipicio. Allí, el joven arqueó su cuerpo hacía delante, hundió la cabeza en su pecho y se lanzó al abismo. La noticia se extendió rápidamente por todas partes y todos culparon a la doncella por el suceso. .

Las cumbres del Teide

Amarca empezó a sentir el desprecio del pueblo, todos le señalaban y el sentimiento de culpa se apoderó de ella. De pronto, la joven desapareció sin más y nadie supo cuál fue su destino. Pasó el tiempo sin noticias, hasta que un anciano contó que había visto a la joven lanzarse al abismo y que, tras luchar contra el oleaje, el océano se la llevó. Desde entonces, la leyenda cuenta que cada vez que un caminante cruza por las cumbres del Teide por la noche, se puede escuchar un lamento escalofriante. Es una voz marcada por la tristeza que llega desde el fondo de los barrancos. Dicen que es la voz de Gariaiga… llamando a su amada Amarca hasta la eternidad.

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